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¿ESCUPIENDO LA BIBLIA?

Hermanos, yo estoy seguro de que a cualquiera de nosotros le resultaría extremadamente desagradable recibir en el rostro un salivazo lanzado con el propósito de ofender o de humillar. Pero, ¿se agradaría alguien de que un niño en su inocencia, u otra persona privada de entendimiento, le quiera mostrar su afecto acariciándole la cara con los dedos mojados en saliva? Pienso que no.
Pues bien, hermanos, yo he podido notar que algunos que sienten el más profundo respeto por la Biblia, y que serían totalmente incapaces de escupirla conscientemente, muchas veces lo hacen sin darse cuenta, pues van mojando una por una sus hojas con saliva cuando al pasar cada página llevan primero el dedo a la lengua para evitar que le resbale sobre el papel. Si la Biblia pudiera hablar, ¿qué diría en casos semejantes?
Por otro lado, es bueno considerar este asunto desde el punto de vista de la higiene. Muchos se cuidan con extremos de tener contacto directo con personas que padecen enfermedades trasmisibles, ignorando tal vez que el contacto indirecto es peligroso también.
Imaginemos que alguno de ustedes se sienta tan saludable que al hojear un libro, llevando el dedo a la boca, crea no dejar en sus páginas alguna seria contaminación; pero, ¿si otro, no tan saludable, pero con la misma costumbre, ya pasó su manos por el libro? De la misma manera que un dedo humedecido en saliva puede servir de transporte para que los microbios pasen de la boca al papel, puede servir de transporte para que pasen del papel hasta la boca, que es la principal vía de entrada de todas las enfermedades.
Si alguno hasta ahora ha venido usando esa fea y desaseada costumbre, piense cuan beneficioso le sería dejarla, pues si con cualquier libro ese hábito resulta peligroso a la salud, en el caso específico de la Biblia, después de esta advertencia, puede ser tenido además como una intolerable falta de reverencia a la Palabra de Dios.

Spv. B. Luis, P. Baracoa, junio de 1977